HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV EN LA MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR
Síntesis
Ojos abiertos

«La solemne liturgia de esta tarde nos introduce en el Triduo Santo de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Cruzamos este umbral no como espectadores, ni por inercia, sino involucrados de manera especial por el mismo Jesús; como invitados a la Cena en la que el pan y el vino se convierten para nosotros en Sacramento de salvación. Participamos, en efecto, en un banquete durante el cual Cristo, «que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Su amor se convierte en gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios. En el mundo, precisamente allí donde prevalece el mal, Jesús ama definitivamente, para siempre, con todo su ser».
Corazón sensible

«Ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos. Así es como queremos seguir el ejemplo del Señor, haciendo realidad lo que hemos escuchado en el libro del Éxodo: «Este será para ustedes un día memorable» (Ex 12,14). Sí, toda la historia bíblica converge en Jesús, el verdadero Cordero pascual. A través de Él, las figuras antiguas encuentran su pleno significado, porque Cristo, el Salvador, celebra la Pascua de la humanidad, abriendo para todos el paso del pecado al perdón, de la muerte a la vida eterna: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía» (1 Co 11,24).
Mano pronta

«El Jueves Santo es, por tanto, un día de ardiente gratitud y de auténtica fraternidad. Que la adoración eucarística de esta noche, en cada parroquia y comunidad, sea un momento para contemplar el gesto de Jesús, arrodillándonos como Él lo hizo, y pidiendo la fuerza para imitarlo en el servicio con el mismo amor».